Calles de MadridCuriosidades

Libros que recorren Madrid

Madrid está representada en muchísimas obras de la literatura. Sería imposible hablar de todas ellas, pero vamos a presentaros una pequeñísima selección del Madrid que nos hemos encontrado en algunas de nuestras lecturas. Además os animamos a que nos comentéis con alguna otra que os hayáis encontrado y que os haya gustado 🙂

El Jarama, de Sánchez Ferlosio

En El Jarama nos vamos de paseo por la Gran Vía con traje nuevo y vemos que esta calle ha estado siempre llena de vida. El café que se menciona, el Zahara, ya está cerrado desde 2010 y se situaba en la esquina con la calle Mesonero Romano.

“-Bueno, ¿y tú qué harías en un Madrid?, vamos a ver. Cuéntanoslo.
-¿Yo…? ¿Que qué haría…? -se le encendía la cara-. ¿Qué es lo que haría yo en Madrid? -chasqueó con la lengua, como el que va a empezar a relatar alguna cosa alucinante-. Pues, lo primero… Me iba a un sastre. A que me hiciese un traje pero bien. Por todo lo alto. Un terno de quinientas pesetas…
Se pasaba las manos por la raída chaquetilla, como si la transfigurase. Mauricio le interrumpió:
-¿De quinientas pesetas? ¿Pero tú qué te crees que te cuestan los trajes a la medida en Madrid? Con quinientas pesetas ni el chaleco, hijo mío.
-Pues las que hiciesen falta -dijo el otro-. Quien dice quinientas, dice setecientas…
-Bueno, hombre, sigue. Pongamos que con setecientas te alcanzaba para ponerte siquiera medio decente. ¿Luego qué hacías?, a ver. Continúa.
-Pues luego me salía yo a la calle, con mi trajecito encima, bien maqueado, pañuelo de seda aquí, en el bolsillo este de arriba, ¿eh?, mi corbata, un reloj de pulsera de estos cronométricos, y me iba a darme un paseo por la Gran Vía. Poquito; ida y vuelta, nada más, y descansado, para sentarme a renglón seguido en la terraza de un café, ¿cómo se llama ése? Zahara, en la terraza del Zahara.”

Antiguo Café Zahara y Gran Vía

Luces de Bohemia, de Valle Inclán

Luces de Bohemia es un libro que recorre numerosos lugares de Madrid, el libro en sí es un tour por la vida nocturna de la capital. En este fragmento de la escena IX nos vamos al ambiente burgués del café Colón, el cual antiguamente se situaba en la calle Alcalá, que fue una prolongación natural del ambiente de cafés y tabernas de la Puerta del Sol.

MAX: ¿Qué tierra pisamos?
DON LATINO: El Café Colón.
MAX: Mira si está Rubén. Suele ponerse enfrente de los músicos.
DON LATINO: Allá está como un cerdo triste.
MAX: Vamos a su lado, Latino. Muerto yo, el cetro de la poesía pasa a ese negro.
DON LATINO: No me encargues de ser tu testamentario.
MAX: ¡Es un gran poeta!
DON LATINO: Yo no lo entiendo.
MAX: ¡Merecías ser el barbero de Maura!

Por entre sillas y mármoles llegan al rincón donde está sentado y silencioso RUBÉN DARÍO. Ante aquella aparición, el poeta siente la amargura de la vida, y con gesto egoísta de niño enfadado, cierra los ojos, y bebe un sorbo de su copa de ajenjo. Finalmente, su máscara de ídolo se anima con una sonrisa cargada de humedad. El ciego se detiene ante la mesa y levanta su brazo, con magno ademán de
estatua cesárea.

MAX: ¡Salud, hermano, si menor en años, mayor en prez!
RUBÉN: ¡Admirable! ¡Cuánto tiempo sin vernos, Max! ¿Qué haces?
MAX: ¡Nada!
RUBÉN: ¡Admirable! ¿Nunca vienes por aquí?
MAX: El café es un lujo muy caro, y me dedico a la taberna, mientras llega la muerte.
RUBÉN: Max, amemos la vida, y mientras podamos, olvidemos a la Dama de Luto.”

Foto antigua de calle Alcalá, frente al café Colón

Historias del Kronen, de José Ángel Mañas

Este libro recorre la vida nocturna de la ciudad de Madrid y menciona numerosos lugares, varios de ellos ya cerrados. En el título ya se menciona el primero: el Kronen fue un bar situado por Calle Francisco Silvela. La cantidad de referencias es tan grande que, para situaros en este párrafo, hemos recreado un mapa del recorrido que hacen Roberto y sus amigos en coche:

Mapa del recorrido en coche

“Roberto baja por Goya hasta Colón, cruza la Castellana, sube hacia Bilbao, se desvía a la izquierda en la Glorieta de Santa Bárbara, sigue por Mejía Lequerica, se mete por Barceló y aparca enfrente de pachá. La música que suena en el coche es Metálica y todos berreamos a coro las letras mientras Manolo pone unas rayas.
 – Vamos a Malasaña, ¿eh, Roberto?
 – No, que Pedro ha quedado con unos de su clase en Bilbao.
– Qué coñazo, tronco. ¿Dónde has quedado, Pedro?
– En Riau-Riau.
Un poco más tarde, Pedro entra en Riau-Riau. Los demás esperamos fuera. Al cabo de un rato Pedro sale y dice:
– No, no están. Han debido de irse ya.
– ¿A qué hora habías quedado?
– Hace una hora.
– Pues nada, se habrán ido. ¿Qué hacemos? ¿Nos quedamos aquí o vamos a otro garito?
– Vamos al Barflais, ¿no, troncos?
– ¿Te parece que vayamos al Barflais, pedro?”

La Colmena, de Camilo José Cela

Camilo José Cela nos hace recorrer las anchas calles del barrio de Salamanca de la mano de Martín Marco:

“Martín Marco sube por Torrijos hasta Diego de León, lentamente, casi olvidadamente, y baja por Príncipe de Vergara, por General Mola, hasta la plaza de Salamanca, con el Marqués de Salamanca en medio, vestido de levita y rodeado de un jardinillo verde y cuidado con mimo. A Martín Marco le gustan los paseos solitarios, las largas, cansadas caminatas por las calles anchas de la ciudad…”

Madrid de corte a checa, de Agustín de Foxá.

Este libro contemporáneo nos lleva por Madrid de la mano de un joven falangista durante la época de la república y sitúa sus acciones en muchas de las calles y parques de la ciudad. En este primer fragmento nos lleva desde el teatro Infanta Isabel hasta la antigua estación del Mediodía (hoy, Atocha).

“De madrugada llegaba la gente de los teatros. Volvían los del Infanta Isabel arrebatados por las carcajadas que les había proporcionado Muñoz Seca con su última astracanada.
-Es un bárbaro.
-Pero tiene gracia.
Pedían chocolate con churros ya con la leve brisa de la madrugada en los balcones. Un borracho encendía un pitillo frente a San José y se oían en el silencio de La Cibeles, bajo el reloj iluminado de Correos, el borbotear de una boca de riego reventada y el silbido de los trenes de la estación del Mediodía.”

También nos lleva al café Viena con el olor de las castañas asadas, lugar que sigue existiendo en la calle Luisa Fernanda, 23.

“Hacía una tarde fría y nublada. José Félix iba con Pedro Otaño y Julia al Real Cinema. En la esquina de Arenal una castañera removía las brasas al rojo y se acurrucaba en su cajón, tosiendo.
-¡Asáas, calentitas!
Echaba un vaho espeso el caballo del coche del Circulo de Bellas Artes, arrimado en la acera de “Viena”, donde unas sirenas de torso desnudo sostenían el rótulo.”

Misericordia, de Benito Pérez Galdós

Benito Pérez Galdós tiene multitud de obras que nos muestran y describen las calles del Madrid imperial. Hoy venimos con dos de ellas. En Misericordia seguimos los quehaceres de esta mujer por calle de Toledo hasta calle Imperial. Se mencionan dos establecimientos: Almotacén y Fiel Contraste, que se situaban en esta última calle.

Con increíble presteza entró en una botica de la calle de Toledo; recogió medicinas que había encargado muy de mañana; después hizo parada en la carnicería y en la tienda de ultramarinos, llevando su compra en distintos envoltorios de papel, y, por fin, entró en una casa de la calle Imperial, próxima a la rinconada en que está el Almotacén y Fiel Contraste. Deslizose a lo largo del portal angosto, obstruido y casi intransitable por los colgajos de un comercio de cordelería que en él existe; subió la escalera, con rápidos andares hasta el principal, con moderado paso hasta el segundo; llegó jadeante al tercero, que era el último, con honores de sotabanco.”

Tormento, de Benito Pérez Galdós

Madrid ha sido siempre una ciudad bulliciosa y llena de vida, y así se nos muestra en Tormento, en la época en que el exclusivo barrio de Salamanca todavía eran las afueras y el centro de la vida estaba en la Plaza de toros de la Puerta de Alcalá, entre las calles Claudio Coello y Conde de Aranda y que fue derruida en 1874 para las obras del ensanche de la ciudad diseñado por el citado marqués de Salamanca, que hoy se conoce como el barrio de Salamanca.

“Yo quiero vecindad por todos lados. Me gusta sentir de noche al inquilino que sube; me agrada sentir aliento de personas arriba y abajo. La soledad me causa espanto, y cuando oigo hablar de las familias que se han ido a vivir a ese barrio, a esa Sacramental que está haciendo el marqués de Salamanca más allá de la Plaza de Toros, me dan escalofríos. ¡Jesús qué miedo!”

Cuadro de Alfred Guesdon de la Plaza de Toros de Alcalá en 1854

El cielo de Madrid, de Julio Llamazares

Este libro también describe varios lugares concretos en la ciudad. En este fragmento estamos en el Limbo. Aunque ahora existe un bar que se llama así, no es el de esta novela, que antiguamente se situaba en calle Santa Teresa y fue durante los años 70, lugar de reunión de intelectuales y hippies.

Hacía ya muchos años que frecuentaba aquel bar. Desde que llegué a Madrid en el otoño de 1975, El Limbo se había convertido en mi cuartel general nocturno, igual que para muchos otros; sobre todo para los que, como Rico y yo, no teníamos que madrugar al día siguiente. Había pintores, poetas, gente sin profesión conocida, algún novelista inédito, algún filósofo puro, algún músico, algún actor y, sobre todo, borrachos. Borrachos de todas clases. Desde el hombre que vendía poemas por los cafés hasta el que presumía, cuando recordaba sus buenos tiempos de actor, de haber trabajado con Ava Gardner. Y de haberse acostado con ella, claro.
La verdad es que El Limbo era un sitio raro. Anclado en mitad del barrio, entre la plaza de las Salesas y la de Alonso Martínez, El Limbo acogía también a algún cliente de paso, extranjeros sobre todo y españoles de provincias deseosos de conocer el Madrid nocturno, del que les habrían hablado, y era el sitio preferido de los últimos noctámbulos. “

Manolito Gafotas, de Elvira Lindo

Manolito Gafotas describe la vida en el madrileño barrio de Carabanchel Alto. En este fragmento se habla de las cucarachas endémicas de un bar llamado El Tropezón. Nosotros hemos encontrado un bar llamado así en la calle Duquesa De Parcent, 56, aunque no sabemos si se trata del mismo lugar…

Mi abuelo se quedó alucinado cuando vino a recogerme al colegio con el Imbécil y se encontró con que todos nos íbamos al médico con él, pero se calló. Está acostumbrado a que le hagamos cosas peores, como aquel día que el Orejones y yo le cambiamos una aceituna negra por una cucaracha en el Tropezón. La atravesamos con su palillo de dientes y todo; la verdad es que daba el pego, pero mi abuelo sospechó que no se trataba de una aceituna como las demás cuando vio que a la aceituna se le movían las patas. Bueno, al fin y al cabo las cucarachas son tan típicas en el Tropezón como las aceitunas.”

Y, aunque no se trata de ningún lugar concreto, no vamos a dejar pasar la oportunidad de alabar el cielo de Madrid una vez más:

“Mi abuelo me señaló el sol tan rojo a punto de desaparecer detrás del Árbol del Ahorcado. Mi abuelo dice que el suelo de Carabanchel es horroroso, pero que el cielo es de los más bonitos del mundo, tan bonito como las pirámides de Egipto o el rascacielos de King Kong. Es la octava maravilla del mundo mundial.”

Madrid Negro, Varios Autores

Este libro es una antología de relatos cortos escrita por varios autores que nos hacen un recorrido por barrios emblemáticos de la ciudad. En el fragmento que hemos seleccionado nos situamos en el norte de la capital, entre los metros Cruz del Rayo y Concha Espina. También se menciona la chocolatería Lyon, que podemos encontrarla en calle de Colombia, 14.

“Desde la plaza del Perú a la calle Sil no había más de quince minutos andando, veinte si en vez de recorrer Príncipe de Vergara se demoraba en la ruta de los parques siguiendo la calle Puerto Rico para cruzar luego en diagonal el parque de Berlín hasta la plaza de Cataluña. Eva tardó más de media hora porque además se paró a tomar un café con churros en el Lyon, un capricho que se concedía muy rara vez. Aquella mañana se encontraba especialmente optimista.”

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